La traducción de hoy también está relacionada con el arte pero esta vez
desde una perspectiva totalmente diferente: la de la geopolítica, la barbarie y
la guerra; y la del amor y el valor. Es la historia de un individuo que dio su
vida en su intento de preservar lo que mas amaba: el legado artístico e
histórico de su cultura.
Se trata de un artículo redactado por Ben Hubbard para The New York
Times publicado el 19 de Agosto de 2015.
En esta breve introducción aportaré algunos datos que no pertenecen al
texto original y como no, mi opinión personal.
Miembro del Ba´ath (Partido del Renacimiento Árabe Socialista) desde
1954 y Licenciado en Historia por la Universidad de Damasco en 1956. Sin lugar
a dudas, Jaled al-Asaad fue el máximo defensor de la historia y cultura siria.
Durante los 50 años que estuvo al frente del Sitio Arqueológico y el Museo
Nacional de Palmira dirigió los proyectos de exploración y restauración de
innumerables joyas del pasado. Participó en numerosas conferencias alrededor
del mundo, publicó más de 20 libros y lideró la campaña para que Palmira fuera
incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
En mayo de 2015, cuando los yihadistas tomaron Palmira, participó junto
a 2 de sus 11 hijos y a su yerno en el salvamento de 400 piezas antiguas.
Y yo me pregunto ¿Cómo un ser de tal envergadura, que dedicó su vida a
la preservación de la historia y el arte de su cultura pudo acabar decapitado
en una plaza pública a sus 83 años?
Estoy convencido de que la raíz de los conflictos en Oriente Medio llega
hasta nuestro confortable y seguro mundo occidental. La interpretación que
hacen del Corán los grupos terroristas es una escandalosa aberración,
exactamente igual a la que realizó el Tribunal de la Santa Inquisición durante
la Edad Media europea (y sigue realizando la institución católica en demasiados
casos), o la que realizan los integristas hebreos en Palestina.
Existe un conflicto desde hace más de mil años entre las dos
principales ramas del Islam: Sunitas y Chiitas; y existe un conflicto desde la
1ª Guerra Mundial entre hebreos y palestinos por el control de la llamada
Tierra Santa. Pero no hay que tener el premio Nobel para darse cuenta de que
dichos conflictos son aprovechados y alimentados por las “democracias”
occidentales con fines geopolíticos, económicos y estratégicos.
Lo peor de todo ello es que los que más lo sufren son los millones de
árabes inocentes que solo quieren vivir en paz. Es a ellos en general y a Jaled
al-Asaad en particular a quien va dedicada esta entrada.
Ilustración de Jaled al-Asaad por Javier Sebastián
El experto sirio que protegió el legado histórico de
Palmira muere de manera truculenta a manos del ISIS
Ben Hubbard. 19 de Agosto
2015
BEIRUT, Líbano - Durante décadas fue el conservador de gran
parte de los tesoros arqueológicos de Siria. Exploró las extensas ruinas de su
ciudad natal, puso a su hija el nombre de la ancestral reina de Palmira:
Zenobia y estaba tan involucrado con su desarrollo que un historiador le apodó
“Sr. Palmira”. Ahora, meses después de la caída de su ciudad a manos de los
yihadistas del Estado Islámico, Jaled al-Asaad, el jubilado director del yacimiento
arqueológico y el Museo de Palmira, también ha caído.
Tras mantenerle detenido durante semanas, el martes los
yihadistas le arrastraron hasta una plaza pública en la que un enmascarado le
decapitó ante la multitud, tal y como han narrado los familiares del Sr. Asaad.
Después ataron por las muñecas su cuerpo ensangrentado y lo colgaron de un
semáforo con su cabeza aun portando sus gafas entre sus pies, según una foto
distribuida en redes sociales por los acólitos del Estado Islámico. Antes de
asesinarle, los yihadistas le interrogaron en vano sobre dónde encontrar los
tesoros ocultos de la ciudad, comunicaron los medios de comunicación sirios,
sugiriendo que el anciano conservador murió protegiendo aquello a lo que dedicó
su vida.
La decapitación pública del Sr. Asaad, que se había jubilado
hacía una década y acababa de cumplir 83 años, pone en relieve la brutalidad
del Estado Islámico en su intento de derrocar el gobierno del Presidente Bashar
al-Assad y reemplazarlo por su severa interpretación del Islam a lo largo y
ancho del auto denominado califato en zonas de Siria e Irak. Los estudiantes
que le conocieron dicen de él que más que un estricto académico era un erudito
autodidacta apasionado con la historia de su ciudad natal.
Yasser Tabbaa, especialista en arte y arquitectura islámica de
Siria e Irak afincado en Ann Arbor, Michigan afirma que Asaad era conocido y
respetado por aprender de manera autodidacta a descifrar y leer las ancestrales
inscripciones de la ciudad y participó en numerosas conferencias presentando
las investigaciones que llevó a cabo durante décadas. “Fue toda una autoridad
en el yacimiento arqueológico más importante de Siria” dijo Tabbaa.
Al igual que muchos profesionales sirios, Asaad era miembro del
partido que gobierna Siria: El Partido del Renacimiento Árabe Socialista,
conocido como Baaz, lo cual posiblemente le permitió desarrollar su trabajo,
pero políticas aparte, su profundo conocimiento acerca de los yacimientos le
convirtió en una ineludible fuente de conocimiento para los investigadores de
todo el mundo.
“Aquel que quisiera trabajar en algo relacionado con la historia
de Palmira tenía que trabajar con Jaled al-Asaad” dijo Amr al-Azm, catedrático
de Historia de Oriente Medio y Antropología en la Universidad Shawnee State de
Ohio. “El era el Sr. Palmira”.
Asaad nació y vivió toda su vida en Palmira, abandonando la
ciudad únicamente durante el periodo en el que cursó sus estudios de Historia y
Educación en la capital de Siria, Damasco. Fue nombrado director del yacimiento
arqueológico y del Museo de Palmira en
1963, posición que mantuvo hasta su jubilación en 2003, tras la que cedió ambos
cargos a su hijo Walid.
Las extensas ruinas de la ciudad narran la historia de la
antigua ciudad-oasis en el desierto al noreste de Damasco, e incluyen un
teatro, varios templos, viviendas y cementerios. La Unesco declaró Palmira
patrimonio de la humanidad y la describió como “el ejemplo consumado de un
antiguo complejo urbanístico”. Gran parte de los descubrimientos más importantes
se realizaron bajo su dirección.
“Dedicó su vida entera a este lugar, revelando la fascinante
historia de Palmira e interpretándola para que todos podamos aprender acerca de
esta gran ciudad que fue un cruce de caminos del mundo antiguo”, aseguró Irina
Bokoya, Directora General de la Unesco, añadiendo que se sentía “consternada e
indignada” por el asesinato.
La historia de la ciudad la había convertido en una gran
atracción turística hasta que se produjo la revuelta contra el presidente Assad
en 2011, que desembocó en la actual guerra civil. Mientras los rebeldes
invadían otras zonas del país, Palmira permaneció bajo el control del gobierno
hasta el mes de mayo en el que se produjo el asalto de los yihadistas del
Estado Islámico, con el subsecuente temor a que destruyesen algunos de sus
tesoros y vendiesen otros para financiar sus operaciones.
A través de una llamada telefónica desde la ciudad siria de
Homs, Mohammed, hijo de Asaad, afirmó que su padre se había negado a abandonar
la ciudad alegando que los yihadistas no serían capaces de perseguir a un
anciano. “Era un funcionario retirado de avanzada edad” dijo el más joven de
los hijos de Asaad. “Sabía que era inocente y nunca pensó que el ISIS le haría
daño”.
Khalid al-Homsi, sobrino y vecino de Asaad comentó que los
yihadistas arrestaron a su tío durante unos días cuando tomaron la ciudad,
liberándole más tarde y arrestándole de nuevo unos meses después. Dijo también
que su tío apoyaba el gobierno de Bashar al-Assad y se sobresaltó al saber que los
protestantes se habían armado en contra del gobierno, pero nunca se planteó
abandonar la ciudad. “Vivía por y para la ciudad y sus tesoros y era muy
mayor”, dijo Homsi. “¿Dónde iba a huir a su edad? Afirmó que lo que le pasase a
la gente le pasaría también a él”.
A medida que asaltaban territorios en Siria e Irak, el ISIS ha
atacado yacimientos históricos detonando bombas y destruyendo estatuas
prohibidas por su estricta interpretación del Islam. En la foto del cadáver
decapitado de Asaad, un cartel escrito con tinta roja cuelga de su cintura en
que se le acusa de apóstata y se enumera los crímenes por los que se le acusa
como: representar a Siria en “conferencias de infieles”, servir como “director
de la idolatría” en Palmira, visitar Irán y comunicarse con un hermano agente
de los servicios secretos sirios.
Antes de que los yihadistas entraran en la ciudad el personal
del museo se llevó un gran número de reliquias a lugares más seguros del país.
Algunas de las piezas de gran tamaño que no pudieron llevarse han sido
destruidas, así como numerosas lápidas de la zona. Se cree que los yihadistas
no han causado una importante destrucción en las ruinas de la ciudad, y muchos
creen que las están usando a modo de escudo protector asumiendo que la
coalición de fuerzas liderada por Estados Unidos, que actualmente está atacando
al ISIS en Siria e Irak no bombardearán un yacimiento patrimonio de la Unesco.
En la redacción de este artículo colaboraron Hwaida Saad
desde Beirut, Graham Bowley desde Nueva York y Somini Sengupta desde las
Naciones Unidas.
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ENGLISH TEXT
Today´s translation is also related to art but this
time from a totally different perspective: geopolitics, brutality and war; and of
love and courage. It´s the story of an individual that was killed for fighting
to preserve what he most loved: his culture´s artistic and historic legacy.
The original article was written by Ben Hubbard for
The New York Times and published on August 19th 2015.
In this short introduction I´ll provide some data
that wasn’t mentioned in the original article and of course, my personal
opinion.
Member of the Arab-Socialist Ba´ath Party since
1954 and with a Bachelor Degree in History at the University of Damasco since
1956, without a doubt Khaled al-Asaad was the greatest protector of Syria´s
culture and history. During the 50 years he was in charge of the Archeological Site
and the Museum of Palmyra he led many projects of exploration and restoration
of unaccountable antiquities. He participated in many conferences around the
world, published more than 20 books and directed the campaign to include
Palmyra in UNESCO´s list of World Heritage Sites.
In May 2015 when the jihadists seized the city, he
along 2 of his 11 sons and one of his nephews participated in the rescue of 400
historical pieces.
And I ask myself: “How such a being that dedicated
his whole life to the preservation of his culture´s art and history could end
up beheaded in a public square at 83 years of age?
I´m convinced that the root of the conflicts in the
Middle East reaches our safe and comfortable western world. Terrorist
organizations pervert the original meaning of the Koran, just like the Holy
Inquisition Tribunal did in the European Middle Ages (and that sadly the
catholic institution still does nowadays), or as the fundamentalist Hebrews do
in Palestine.
There has been a conflict that lasts over 1000
years among the two major Islamic branches: Sunnies and Chiies; and there has
been a conflict since WWI among Hebrews and Palestinians to control what they
call the Holy Land. But one doesn´t need to have the Nobel Price to realize
that these conflicts are abused and fed by our Western “Democracies” for
geopolitical, economic and strategic purposes.
The saddest part is that the ones that truly suffer
this situation are millions of innocent Arabs that only want to live in peace.
This entry is dedicated to all of them and especially to Mr. Khalid al-Asaad.

